La Jungla: Parte 1

Ya te has convencido (o estás en ello) de que necesitas transformarte para competir y progresar en el mundo de hoy. Ahora bien, ¿por dónde empezamos? Lo primero que hay que hacer es conocer el terreno de juego, “la jungla”, es decir, cómo es y cómo funciona el mundo de hoy (y el que esperamos que sea en el futuro). 

Porque no sirve de nada pasar de ser una gacela a un león si luego no sabes por dónde te mueves ni cuáles son las reglas de funcionamiento de esa jungla. Ese conocimiento del entorno, junto con tu propio crecimiento y fortalecimiento, te permitirán conquistar y dominar nuevos territorios, o lo que es lo mismo, vender más y mejor, que es, en el fondo, lo que todo el mundo quiere. 

Por lo tanto, ¿cuáles son las características de nuestra “jungla”? 

El año 2008 supuso un auténtico terremoto social y económico, con indudables repercusiones en las vidas de las personas y las organizaciones. Por decirlo en lenguaje castizo, la explosión de las burbujas inmobiliarias y financieras puso el mundo “patas arriba”. De la noche a la mañana, empresas que eran “to big to fail” desaparecieron (Enron, Leman Brothers…). Y por supuesto, la crisis se llevó por delante organizaciones de mucho menor tamaño. 

Hubo que rescatar compañías y países (a través de la inyección de capital o de préstamos con unas obligaciones de ajustes-recortes muy exigentes). Ahora se habla de recuperación, pero muchos grupos sociales no la han visto aún. Y ello ha sido una de las causas por las que han explotado diferentes partidos populistas-extremistas en gran parte de los países europeos y en algunos americanos.  

No hay más que ver quién manda ahora en Estados Unidos o en Brasil. Y esta explosión del populismo tiene muchas consecuencias. Una de ellas es la de la influencia en nuevas leyes que afectan a empresas y a la fuerza del trabajo. 

Todo este fenómeno nos lleva a una primera conclusión: los cambios sociales pueden ser más importantes para el éxito o fracaso de una organización que el devenir económico.  

Un directivo tendrá que comprender la realidad de la sociedad que viene y basar su política y estrategia en ella 

Ahora mismo, en el primer mundo, se están dando, simultáneamente, cuatro fenómenos sociales muy relevantes: 

  • El envejecimiento de la población 
  • La gestión de los flujos migratorios (cada vez más numerosos) desde los países en desarrollo 
  • La concienciación ecológica y la preocupación ante el fenómeno del cambio climático y los efectos de la actividad contaminante humana en el planeta 
  • La llegada de la paridad-igualdad entre el hombre y la mujer 

En una sociedad, el grupo más numeroso es el que determina en mayor medida su funcionamiento. Y ahora somos testigos de algo que no había ocurrido nunca en la historia de la humanidad: el número de personas mayores es superior al de jóvenes 

Se desconocen hasta dónde van a llegar las consecuencias de este fenómeno, pero es sabido que las personas mayores son más conservadoras y reacias a los cambios que los jóvenes, y por lo tanto, menos emprendedoras. Supone también un estancamiento del crecimiento poblacional.   

Europa hace tiempo que se ha borrado de competir tecnológicamente (salvo contadas excepciones). Y Estados Unidos empieza a dar señales parecidas, apostando por políticas proteccionistas, que son pan (poco) para hoy y hambre (mucho) para mañana.  

La competencia que viene desde Asia es feroz. Ya no solo hacen productos baratos, sino que tecnológicamente empiezan a ser líderes. Hablamos de ChinaTaiwan, Corea del Sur, y por supuesto, Japón (a pesar de que lleva muchos años en estancamiento económico y envejecimiento poblacional).  

Los países en desarrollo siguen teniendo, a la vez, una estructura piramidal clásica, con la base (nacimientos) mucho más amplia que la cúspide (vejez). Como ejemplo, en la Unión Europea viven en torno a 500 millones de personas, cada vez más viejas. La cifra está estancada. África, separada de nuestro continente por los apenas 14 kilómetros del estrecho de Gibraltar, sin embargo, sigue aumentando su población. En el 2016 se calculaba que la cifra era de 1.200 millones de habitantes, y se estima que en pocos años llegará a los 1.500 millones. Jóvenes y con ganas (legítimas) de prosperar en la vida.  

Ello genera, sin lugar a dudas, un aumento de los flujos migratorios desde el Sur al Norte. Los gobiernos europeos (y el norteamericano) no terminan de ver la forma de gestionarlos. Viendo las cifras de las que hablábamos antes, ¿alguien cree que va a haber muro, valla, control policial o fronterizo que vaya a parar tal avalancha?  

Aventurar lo que va a pasar en los próximos años es muy arriesgado. Las soluciones no son fáciles, porque el problema es complejo. Pero lo que ahora vemos es que los países receptores se han puesto en modo defensivo, y ello provoca una ralentización del progreso social, y por lo tanto, de la actividad económica, lo que condiciona, indudablemente, la vida de las empresas.  

El tercer fenómeno es el de la concienciación ecológica en la sociedad y la preocupación por el cambio climático y el efecto de la acción contaminante del ser humano en el planeta.  

El cuidado del medioambiente se ha convertido, hoy, en uno de los puntos estratégicos de muchas empresas. Hay un término, que es el de responsabilidad social ambiental, que es el conjunto de acciones y esfuerzos que llevan a cabo las organizaciones para compatibilizar sus actividades comerciales y corporativas con la preservación del medio ambiente y de los entornos en los que trabajan. 

Cualquier empresa que desarrolle una actividad que sea identificada como contaminante o agresora al medio ambiente tendrá, de manera automática, un rechazo social mayoritario, y por lo tanto, del mercado en el que opera. 

Y el cuarto fenómeno social relevante es el de la paridad. Ha venido para quedarse. Las mujeres demandan, legítimamente, los mismos derechos y oportunidades que los hombres en todos los ámbitos. En el laboral, por supuesto, también. Misma retribución por los mismos trabajos, mismos reconocimientos por los mismos méritos.  

Y la paridad afecta también a la legislación laboral-empresarial. Por ejemplo, se promueven normas y leyes que favorecen la discriminación positiva hacia la mujer a la hora de realizar nuevas contrataciones, o que busquen la equiparación en la composición de los equipos directivos o en los consejos de administración, estableciendo sanciones en caso de que no se haya avanzado en unos determinados plazos.  

Llevará años aún conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer, pero está claro que este fenómeno es imparable. Yo lo veo como una oportunidad de progreso social y económico. El funcionamiento del cerebro de los hombres y las mujeres es diferente y complementario, y por lo tanto, la unión de ambas formas de pensar va a traer mejores ideas y soluciones a nuestras empresas y a nuestra sociedad. 

Ya empezamos a ver los primeros esbozos de nuestra jungla. Sin embargo, aún no lo hemos visto todo, ni mucho menos. Haz click en este enlace para seguir estudiando nuestro entorno.

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